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miércoles, 19 de octubre de 2011

Un bello fan art

Hola, mundo! ¿Ya tienen sus disfraces? Estoy tan emocionada con Halloween que quiero ver los disfraces de todos hahaha Espero que estén pasando una linda tarde, casi noche ya. Esta entrada es para enseñarles un lindo fan art que me llegó hace un rato al mail. ¿Acaso no esta lindo? Todo el crédito para Alex, gracias! 




miércoles, 27 de julio de 2011

¡Feliz Cumpleaños, Bloodline!



Aunque se me paso la fecha, principalmente por que no recordaba, estoy muy feliz. El 19 de Julio de 2010 me decidi a abrir un blog, despues de recibir la opinion de una gran escritora, pero sobretodo una gran persona. Ella me dijo que seria lindo que abriera uno, y yo, tan tonta con la tecnologia tuve que preguntarle paso por paso como se abria.
Recuerdo la emocion tan grande que tuve cuando vi mis primeros seguidores. Ese dia fue uno de los mejores, por que sabia que aunque me leyeran pocos, gustaba. ((Ahora no puedo creer que tenga 72 personitas siguiendome))
recuerdo tambien cuando inicie escribiendo, no era nada de lo que es ahora, la idea era muy diferente, incluso en el primer borrador Dimitri no existia. Pero mejore (creo) y ahora me enamore de esta historia. Estoy tan porgullosa de ella, lo que me ha hecho pasar, las veces que me he reido yo sola escribiéndola, o llorado como loca cuando se que no todo puede ser perfecto.
Hace un año me decidí a compartir mis historias con el mundo, y no me arrepiento.
Gracias a todas esas personas que han estado conmigo durante este año. Los amo a todos, y no los voy a olvidar ^^

domingo, 24 de julio de 2011

Capitulo 12

Lo prometido es deuda, he aquí otro capitulo de Bloodline, espero que lo disfruten tanto como yo disfrute escribiéndolo :D


  Traté de no dejarme llevar, era difícil, pero no imposible. Apreté los puños de mis manos mientras él trataba de que le correspondiera. Era dulce, no podía negarlo, y para mi desgracia, demasiado dulce. Pero no podía estar haciendo esto cuando tan solo unos momentos atrás le había dicho a Dimitri que lo amaba.
  Tomé impulso y le di un rodillazo en donde menos puedes querer un rodillazo. Se apartó de mi de un salto quejándose de dolor. Al menos no era inmune al golpe.
  Mientras él se retorcía de dolor y maldecía a diestra y siniestra tomé uno
  —Distráete besando esto, porque a mí no me vuelves a tocar—le dediqué una mirada envenenada y corrí escaleras arriba.
  Le di una fuerte patada a la puerta de una de las habitaciones, la cual se derrumbó con estrepito. Suspiré y entré a la habitación, levanté la puerta como pude para volverla a poner en su sitio, como si eso me sirviera de algo.
  Lo escuché subir las escaleras, me limité a sentarme en la cama.
  —Lo siento, ¿sí? —susurró antes de quitar la puerta y entrar a la habitación—Y tú también deberías disculparte.
  —¡¿Yo?! ¡¿Tú me besas a la fuerza y quieres que me disculpe?!
  —¡Me golpeaste… ahí! Sé que estuvo mal, pero no era para tanto.
  —¡Y te ira peor si no te largas! —le grité arrojándole una almohada.
  Suspiró y me dedicó una última mirada antes de salir.
  Tragué saliva y me tragué el sarcasmo para no decir nada estúpido y terminar más enojada que antes.
  ¡Era un completo idiota que besaba bien, y aparte guapo y misterioso y tan… tan… tan él! ¿Por qué no podía caerse por las escaleras y morir? Arreglaría el planeta.
  Cerré los ojos con fuerza y me recosté en la cama tratando de no pensar en Dimitri, ni en Raiquen, y mucho menos en sus besos.
 

  Abrí los ojos lentamente cuando sentí que podía salir. Pude entrever el leve rayo de la luna a través de las grietas de la madera que cubría la ventana. Me levanté sin hacer ruido y bajé las escaleras con la misma cautela, lo último que quería era encontrarme con él. Abrí la puerta de enfrente para encontrarme con la calle, más concurrida que de costumbre.
  Me di cuenta del por qué en un momento, desde allí podía escuchar la música a alto volumen, algunos desvaríos de borrachines, y las risas simultaneas de varias personas. No muy lejos, a unas pocas calles parecía haber una feria, y podía suponer que todo el pueblo estaba invitado.
  —Se oye prometedor, ¿verdad? —di un salto y me volteé en una fracción de segundo solo para encontrarme con su sonrisa socarrona. Le dediqué una mirada envenenada y comencé a caminar siguiendo la dirección en la que venía la música —Pensé que no eras de las que iba a esa clase de eventos sociales.
  —Pensé que tenías cerebro, pero al parecer se lo comieron los gusanos en Weirdville—susurré con ira y desvié mi mirada hacia algunos humanos que nos miraban extrañados. Tampoco me demore en adivinar porque, nuestras ropas eran algo inusuales. Si algo tenía entendido es que para que te dejen entrar a una buena fiesta, debes parecer un idiota pretencioso.
  —¿Entrar? —preguntó Raiquen bloqueándome el paso—Creí que solo ibas a mirar.
  —Creíste mal, como siempre.
  —¿Por qué diablos quieres ir a una estúpida fiesta? —pensé por un momento en una buena respuesta, y llegué a la conclusión de que no tenía ninguna. Me encogí de hombros y observé con atención a una pareja de chicos que se dirigían al mismo lugar. Vestían muy elegante como para ser tan jóvenes, los seguí con la mirada por un momento y después camine tras ellos. Raiquen me siguió como buen perro faldero.
  Sonreí cuando me acerqué un poco más y logré a tomar al chico del brazo. Él se dio la vuelta a punto de gritar hasta que me vio. Ella hizo lo mismo, solo que gritó algo que no pude entender para después darme una cachetada que de seguro hubiese dolido si fuese humana.
  Sonreí aún más cuando Raiquen tomó a la chica y comenzó a arrastrarla hacia un callejón. No tuve que arrastrar al chico, al parecer a él no le importaba que quisiera llevármelo a un lugar menos concurrido. Raiquen le tapaba la boca a la chica para que no gritara y la sostenía fuerte de los brazos. Llevé al chico hasta donde estaban ellos y lo recosté contra la pared.
  —¿Puedo, o solo usaremos su ropa? —preguntó Raiquen relamiéndose los labios.
  —Hazlo, pero no ensucies el vestido—susurré antes de tomar al chico por los cabellos e hincarle los colmillos en el cuello.

  —Procura sonreír un poco más—susurró Raiquen en mi odio en la puerta de la fiesta. Parecía demasiado elegante como para que un pequeño pueblo pudiese darse el lujo de tenerla. Miré mi vestido nuevo y después al hombre que sostenía la lista de invitados. Si era gay estábamos perdidos.
  El hombre delante de nosotros pataleó un poco antes de alejarse. Otro rechazado más.
  Respiré profundo y sonreí lo más coqueta que pude.
  —¿Tienen invitaciones? —preguntó el hombre con voz neutra.
  —No, no las tenemos—respondió Raiquen con una voz igual de monótona. El hombre enarco una ceja esperando que nos retiráramos para darle paso al siguiente.
  —Pero de seguro puede hacer una excepción con nosotros, ¿no cree? —susurré bajito y le guiñé el ojo al hombre quien no fue indiferente. Parpadeó un par de veces antes de negar levemente con la cabeza.
  —Lo siento, no hacemos excepciones.
  —¿Ni siquiera si le doy un premio? —hice un pucherito tratando de parecer tierna y el hombre tragó en seco dándole una seña de aprobación al hombre que abría la puerta.
  Raiquen me empujó un poco y subí las escaleras para entrar.
  —Te veo en un rato—susurró el hombre cuando pasé a su lado.
  —En tus sueños—susurré aún más bajo y entré.
  Lo dicho, demasiado elegante para un pueblo tan pequeño. Ahora entendía por qué todos querían entrar, era impresionante.
  Raiquen me agarró del brazo una vez cruzamos la puerta y se inclinó un poco.
  —No te separes de mí, esto no pinta bien—susurró tan bajo que apenas y lo escuché.
  ¿Cómo algo no podía pintar bien en ese lugar? Era perfecto. Los finos candeleros colgaban del techo con una gracia medieval, las paredes de piedra se alzaban monumentales al mejor estilo de las catedrales góticas, las sillas eran altas y decoradas con fino terciopelo de color rojo sangre, los retratos de personas que parecían aristócratas de la edad media colgaban de las paredes con perfecta simetría, y al fondo del pasillo podía entrever una cortina de fino lino rojo ocultando una silla que más bien parecía un trono, decorado con rubíes y oro.
  Tomé la mano de Raiquen cuando sentí lo que no andaba bien en el lugar. Olía a vampiro, y definitivamente no éramos nosotros. El olor era conocido, pero no podía decir a ciencia cierta quien era. Apreté un poco más su mano cuando comenzó a caminar alejándose de unos cuantos bailarines.
  —Raiquen, yo…
  —Shhh—torció la mirada y se acercó a mí, pegando sus labios a mí oído—No digas mi nombre cuando hay vampiros cerca. Hay algunos que solo conocen mi nombre, no mi apariencia, así que si queremos salir vivos de aquí, no digas mi nombre.
  Tragué saliva. Yo y mi estúpido instinto. Ni siquiera sabía por qué había querido entrar, solo sabía que quería hacerlo. ¿Qué no podía guardarme mis estupideces un día y alargar mi vida 24 horas más?
  —Está bien—respondí igual de bajo—Supongo que el mío tampoco es bueno, ¿verdad? —se limitó a asentir y caminar hacia las botanas, en la mesa más lejana de aquel «trono»
  Observé a cada persona en la habitación tratando de descifrar quien era el vampiro, pero todos eran humanos, más ebrios cada segundo. Tal vez podría embriagarme yo también si bebía de un humano ebrio.
  Miré a Raiquen, tan cauteloso como siempre, sin apartar la mirada de aquel trono. Ignoré la música y a los borrachines y me concentré en Raiquen y en su capacidad de hacerme enojar con solo mirarlo.
  —Bienvenidos sean todos, queridos amigos—la voz perfecta de aquel hombre retumbó por toda la habitación justo después que la música se apagara. Un silencio sepulcral reinó en la habitación. Desvié mi mirada de Raiquen hacia el trono. Aquel perfecto hombre caminaba elegantemente hacia el trono. Se paró en el centro de aquel peldaño más alto y abrió los brazos en señal de cálida bienvenida antes de sentarse.
  Raiquen se volteó y me obligó a hacerlo, para después caminar hacia una pequeña multitud, ocultándonos de la vista de aquel hombre.
  —¿Qué? —pregunté y giré un poco la cabeza para verlo de nuevo. Nunca lo había visto en mi vida, pero me resultaba extrañamente familiar. Además, estaba completamente segura de que el vampiro era el—¿Lo conoces?
  —No, y no quiero conocerlo. Y no me importa si haces un berrinche, nos vamos ahora mismo—haló de mi brazo para llevarme casi a rastras hasta la puerta.
  No teníamos ni dos minutos dentro y ya íbamos a salir, genial.
  Raiquen trató de abrir la puerta, pero al parecer se había atascado. Quise ayudarlo…. Nahh la verdad no quería, que se las arreglará él solo si tanto quería salir de aquí.
  Un hombre se acercó a nosotros con una sonrisa un tanto macabra que enseñaba sus perfectos y afilados dientes. Tragué en seco y me acerqué lo más que pude a Raiquen, tratando de posarme detrás de él. Raiquen se tensó de inmediato y captó mi idea, me tomó de la mano y se interpuso entre el hombre y yo.
  —No piensan quedarse para el festín—murmuró con una voz sombría. Un escalofrió helado recorrió mi espalda y di un paso hacia atrás involuntariamente.
  —Gracias, pero cenamos antes de venir—respondió Raiquen con una voz seca y amarga—Ahora si nos permite, tenemos que irnos—haló un poco de mi mano y trató de abrir la puerta de nuevo sin obtener ningún resultado. El hombre sonrió aún más.
  —¿Y qué pasa si no se los permito?
  Tragué saliva y miré a puerta con detenimiento, tenía que abrir o la tiraría de una patada.
  Raiquen ladeó la cabeza levemente y soltó mi mano, dejándome desprotegida.
  —Supongo que, como todas estas personas son la cena, no les importara exponerse ante ellas—sabía lo que seguía después de eso y no me gustaba para nada. Estos vampiros no parecían de fiar, no es como si Raiquen lo fuera, pero era la única persona que tenía en este momento.
  —No me importaría, pero sería una lástima matarla—me señaló tratando de parecer casual. Raiquen volteó la mirada y me hizo una pequeña seña mirando la puerta para después volver a mirar al hombre.
  —¿Lastima?
  —Una completa lastima. Una creatura como ella vale demasiado como para acabarla—el hombre dio unos cuantos pasos hacia adelante para acercarse a mí. Raiquen siguió su trayectoria con la mirada, yo me limité a dar unos disimulados pasos para estar de nuevo al lado de Raiquen. el hombre soltó una estrepitosa carcajada—A mi jefe le encantaría conocerte, pequeña.
  —Y a mí me gustaría conocer la salida—susurré tratando de parecer fuerte aunque estaba muerta de miedo en mi interior. Una pandilla de vampiros nos tenía encerrados y nos iban a matar…. O bueno a Raiquen, lo que no era una mala idea después de todo.
  —Creo que tendré que negarle su petición, señorita—murmuró el hombre, para después hacer una seña con la mano. Observé atentamente unos bailarines que se acercaban graciosamente con unos movimientos que jamás había visto. Usaban trajes de color negro y rojo sangre y unas mascaras extrañas que cubrían todo su rostro.
  Los humanos les aplaudían a su paso y los miraban con admiración. No tarde mucho en darme cuenta de que no solo eran bailarines. Se acercaron a nosotros con aquellos extraños movimientos, el hombre se apartó de su camino y Raiquen se puso delante de mí en plan protector.
  Uno par de los bailarines lo apartaron de un jalón. Raiquen los tomó del cuello para apartarlos, pero otros dos bailarines se acercaron y entre los cuatro lo cargaron mientras él pataleaba para soltarse.
  Miré a los bailarines que se acercaban a mí haciendo piruetas e hice lo que mejor sabía hacer, no pensar. Corrí hasta una de las mesas con ellos siguiéndome y comencé a arrojarles lo que vi. Los humanos se reían a carcajadas pro mi reacción mientras los bailarines se acercaban cada vez más.
  Uno de ellos se abalanzó hacia a mí con una pirueta. Bien, como había dicho Raiquen, si estos humanos, eran la cena, daba igual revelarme ante ellos, ¿no?
  Di un salto hacia atrás antes de que el bailarín llegara a mí y di una voltereta en el aire para alejarme lo más que pude. Podía escuchar las exclamaciones de los humanos y pude intuir sus miradas cuando caí de pie en el centro de la habitación. Sonreí para mí misma, y le saqué la lengua al bailarín que había tratado de atraparme.
  Me di la vuelta para buscar a Raiquen con la mala suerte de encontrarme de frente con otro bailarín el cual me tomó fuertemente de la mano y me rodeo la cintura con su brazo para después comenzar a bailar conmigo, arrastrándome por todo el salón. Traté de zafarme con todas mis fuerzas, pero era evidente que era más fuerte que yo.
  Me dio un par de vueltas más mientras los humanos reían para después acercarme al trono dar un saludo a la multitud y arrastrarme a un oscuro túnel detrás de las largas cortinas de encaje negro.
  Entonces logré ver a Raiquen acorralado en una pared. Dirigió una mirada aliviada hacia mí y trató de zafarse de nuevo pero aquellos bailarines lo tenían acorralado.
  —Suéltenla—rugió en un tono que incluso me asusto a mí. Di un saltó de la impresión a ver el fuego asesino en sus ojos.
  El bailarín que me tenía apresara rió un poco y se limitó a arrojarme de un golpe al otro lado de la habitación, donde esta él. Uno de los bailarines soltó a Raiquen, quien de inmediato me tomó del brazo para alejarme de los bailarines y acercarme más a él.
  —¡A ella no le hagan nada! —reprendió aquel hombre al bailarín que me había arrojado con Raiquen. El bailarín se limitó a hacer una leve reverencia, mientras los demás nos tomaban a Raiquen y a mí de ambos brazos empujándonos por el oscuro pasillo.
  Miré a Raiquen de reojo esperando que él tuviera un plan para salir de esto, pero ni siquiera me miraba, miraba al hombre que había llamado a los bailarines, como si quisiera saltarle encima y arrancarle la cabeza.
  Suspiré y me resigné a que me llevaran a donde me querían llevar. Observé cada piedra en aquellas paredes y después a cada bailarín. Me recordaban a los artistas del circo du soleil, al que siempre había querido ir, y siempre me habían dicho que no porque había cosas más importantes antes que yo. Bueno, cosas no, solo una cosa… Dustin.
  —Moon—susurró Raiquen. Lo miré de reojo, él suspiró y observó el pasillo por un momento antes de volverme a mirar—Perdón.
  Tomé una bocanada de aire preparándome para decirle todo lo que pensaba de él. Si íbamos a morir y él pensaba quedar bien conmigo antes de ir a parar al callejón infierno, pues lo justo era que yo también me desahogara.
  Cuando iba a pronunciar la primera de una serie de malas palabras, el hombre abrió una gran puerta de fina y gruesa madera, la cual rechino y dejó entrever una gran habitación, tan elegante como a fiesta, con tan finos detalles que saltaban a la vista. Perdí la concentración viendo aquella maravillosa y detallada estatua de una hermosa mujer que reposaba en el centro exacto de la habitación.
  Los bailarines nos arrojaron dentro de la habitación de un empujón, para después cerrar la puerta con estrepito. Levanté la mirada para encontrarme con el vampiro ambicioso dueño de la fiesta y el hombre que nos había traído aquí.
  —Mira a quien tenemos aquí, nada más y nada menos que al descendiente de Eldor. Un honor tenerte en mi humilde hogar, Raiquen—sonrió maliciosamente el vampiro dando un paso más cerca de nosotros.
  Raiquen no apartó la mirada del vampiro mientras se acercaba a mí, de nuevo en su estúpido plan protector.
  —Déjanos ir ahora mismo, es una orden—la voz de Raiquen sonaba tan monótona, tan cruda, como si no fuera él. Nunca había escuchado ese tono de voz, y no quería volver a escucharlo. El vampiro soltó una estridente carcajada.
  —Debo recordarte que tú no tienes el poder de tu abuelo… Bueno, no tienes el poder de tu padre ahora.
  —Así que está informado, señor…
  —Oh, pero que descortés he sido—sonrió de una manera escalofriante y le tendió la mano a Raiquen para que este se la estrechara, pero Raiquen no se movió ni un centímetro—Permítanme presentarme, mi nombre es Adeben, miembro de la primera corte.
  Raiquen tragó saliva ruidosamente y agachó la cabeza.
  —Lo lamento—murmuró entre dientes con ira—Lamento que sea tan estúpido como para pensar que la primera orden aun es importante.
  Adeben abrió los ojos como platos y sus ojos llamearon llenos de ira por un momento.
  —Para ser de la realeza, eres muy insolente—murmuró la palabra realeza con cierto sarcasmo implícito.  Por primera vez volteó el rostro para mirarme. Sus ojos me intimidaban, di un paso involuntario para ocultarme tras Raiquen, pero aun así me sentía vigilada, estúpida—Que creatura tan interesante. ¿Cómo te llamas?
  —No es de tu incumbencia, así que déjanos ir ahora mismo—rugió Raiquen apretando los puños de las manos.
  —Me parece que no hablaba contigo, niño. Enserio, tu abuelo debió educarte mejor.
  Raiquen soltó un rugido gutural que retumbo en toda la habitación. Esta era una de las situaciones en la que podía decir abiertamente que correría sangre, y en definitivo no quería estar en medio.
  —Me parece que te hicieron una pregunta—susurró el hombre que nos había traído. Suspiré, si afuera no hubiese un montón de vampiros bailarines ahí fuera, no hubiese dudado en darle un buen golpe a aquel hombre.
  —Moon—susurré bajito tragándome la ira—Y por mi parte, quería disfrutar un rato de la fiesta, pero parece imposible, así que… nos vamos—tomé a Raiquen de la mano y halé un poco de él para que caminara conmigo a la puerta. Suspiró, relajó un poco su expresión y se dio la vuelta para caminar conmigo.
  —Creí que tal vez tendrían algún interés por los viales.

sábado, 8 de enero de 2011

Capitulo 11


  Todo aquello se remitía a que, Raiquen hablaba enserio. Odiaba lo suficiente a su padre como para querer arrancarle la cabeza, y, la verdad, no lo culpaba por querer hacerlo, pero, debía haber otra forma.
  No me interesaba si el mundo se venia a abajo, lo único que me importaba en ese momento era sacar a mi padre de allí. Y, ahora tenía un plan.
  No iba a ser tan idiota como para buscar los supuestos viales, que los buscara él sólo. Yo, me iba a limitar a sacar a mi padre.
  Me tragué el mareo que sentía, el sol ya no estaba tan fuerte como en la mañana, pero aun así...
  Me cambié de ropa rápidamente. Por suerte, en la familia que Raiquen había matado para obtener su casa, había una chica más o menos de mi estatura, aunque un poco más alta. Tomé sus ropas de invierno, un grueso pantalón, una camisa a cuadros, una gruesa cazadora, y, por ultimo, tomé la gruesa capa de Raiquen.
  Si había una hora perfecta para perpetrar una misión de rescate, era esta. Las tres de la tarde, ningún vampiro en palacio estaría despierto, ni se atrevería a salir de la fortaleza. Era prácticamente una misión suicida, pero no tenia de otra. 
  Me aseguré de que Raiquen estuviese completamente dormido y me preparé para salir. Aun no sabía si todas esas ropas me servirían de algo a la hora de enfrentarme con el sol, pero debía intentarlo... y andar en la sombra.
  Subí las escaleras del sótano sintiéndome dudosa, aun. No me sentía muy segura del querer convertirme en cenizas, pero debía rescatarlo, era mi deber de buena hija, aunque sólo lo conociera desde hace dos semanas.  
  Si que estaba loca. Corriendo a rescatar  alguien que apenas conocía bajo un manto brillante que podía matarme en cualquier momento. Pero, al fin y al cabo, no tenía nada mas por lo cual vivir, Eldor estaba muerto, y lo más probable era que Ife, Lenneth y Dimitri también lo estuviesen. Lo único con lo que podía contar era Raiquen y Eleazar, y los quería a los dos, así que... Espera un momento, ¿por qué diablos nombre a Raiquen en la lista? Vale, no importa, ahora con la misión suicida de rescate Ninja bajo una capa como de monje.
  Un pequeño rayo de  sol se coló por la ventana, saqué mi mano enguantada hacia la luz y a dejé allí por un momento. Era una sensación extraña, como si hubiesen miles de pequeñas agujas pinchándome la mano, pero no dolía, sólo era incomodo, y no olía a quemado ni nada de eso. Tal vez aquello si funcionaba, después de todo.
  Tomé aire un poco mas confiada y salí por la puerta del frente. Me cubrí bien el rostro con la capucha para no rostizarme viva y comencé a caminar co la vista fija en el suelo.
  No necesitaba ser un genio para saber que todas las miradas de la ciudad estaban puestas sobre mí, pero no me importaba, ¡al diablo con todo el pueblo!
  Me arrastré entre las sombras hasta llegar al bosque, un lugar relativamente mas seguro para mí. Me lancé a correr una vez me hube asegurado de que no hubiese ningún humano curioso cerca y sostuve mi capucha para no quemar mi rostro.
  El bosque me parecía extrañamente sombrío. Quise pensar en el porque, pero sabía que seria demasiado doloroso, así que continué corriendo sin pensar en nada mas que el camino que seguía ahora y la extraña sensación que me producía el sol al estar justo debajo de él.
  Encontrar el castillo fue pan comido, nuestros olores ya estaban en el camino, pero, ¿como no ver aquellas imponentes ruinas? ME quedé observándolas por un momento, pensando en la perfecta manera de entrar. Supuse que ya no había Sunnners que se interpusieran en mi camino, así que seria fácil.
  Corrí hasta el castillo, deteniéndome en a  sombra que este me proporcionaba. Se sentía mucho mejor allí que bajo el sol. Suspiré y observe los ventanales atentamente hasta encontrar un punto muerto en todo el castillo, una pequeña ventana rota. Me escabullí por allí y reconocí el pasillo al que había entrado. Miré las escaleras con algo de desconsuelo mientras me imagina el castillo en sus mejores días, no quería subir por allí, no quería encontrarme con el salón del concejo y la habitación de Eldor. Así que me di la vuelta y comencé a bajar, si tenían a alguien cautivo, debía ser en las profundidades.
  Los pasillos estaban desolados, pero era conveniente, por lo menos nadie me vería. Los imaginé a todos ahora en ataúd, ya que el castillo no estaba en condiciones como para dormir tranquilamente en una cama. Me imagine a Fathon en una de las habitaciones de arriba, saboreando el poder.
  Me entraron ganar de subir y arrancarle la cabeza, pero esa no era la razón para venir aquí. Después de tener a mi padre conmigo daba igual si mataban a todos los humanos, o si los vampiros formaban una guerra entre ellos, o si llegaba el armagedon. 
  Me escabullí por entren los largos pasillo. Ahora si veía lo complicado del asunto. Jamás había estado en el sótano del castillo. Bueno, con.... Arg, ni siquiera podía pensar en su nombre sin sentir como mi corazón se hacia añicos. Mi podré Di... mejor dejarlo así.
  No me había detenido a pensar en lo que significaba haberlo perdido. Habíamos estado juntos desde pequeños, incluso en las ultimas dos semanas odia consolarme diciéndome a mi misma que algún día podría volver por él. Pero ya no podría hacerlo, estaba... muerto. La palabra me tomó por sorpresa, y una de las malas, hace un rayo estaba pensando en todo lo que había perdido, en general, pero pensar en él como si estuviera muerto, como si hubiese sido la única persona que hubiese perdido... Eso era horrible.
  Tomé aire cuando comencé a ver todo color carmesí. No podía creer que estuviese llorando de nuevo, y justo cuando necesitaba tener mis sentidos alerta, justo cuando estaba en la boca del lobo.
  Me limpié aquellas entupidas lágrimas con la capa y continué caminado, tratando de no pensar en aquello para no ponerme a llorar de nuevo. Me concentré al máximo en mi misión, encontrar el sótano por mas difícil que fuera en aquel laberinto en ruinas.
  No podía ignorar el olor a azufre que se concentraba cada vez más. ¿Cuantos vampiros habrían muerto aquí? Suspiré de nuevo, otra vez pensando en muertes. Estar aquí no parecía bueno para mi salud mental.
  Seguí bajando por las escaleras que serpenteaban entre los oscuros pasillos. ¿Cuando iban a acabar? Ahora me sentía bajando por las escaleras al infierno. Eran demasiadas para mi gusto.
  Observé atentamente el candelero que reposaba en a pared contigua a una enorme puerta de hierro. Podía sentir la presión que ejercía la tierra contra las paredes del castillo, y supe que, al fin había llegado al sótano.
  Me acerqué a la puerta y pegué el oído en ella. Escuchaba una voz, profunda y melodiosa, y al mismo tiempo tranquilizadora y pacifica. Reconocería esa voz en cualquier lugar, era Eleazar.
  Antes de irrumpir en la habitación me concentré en otra cosa que llamaba enteramente mi atención, dos corazones, dos respiraciones, dos humanos. Después de unos segundos, pude escuchar sus voces, voces que también reconocería en cualquier lugar.
  No podía soportar más el estar detrás de la puerta, así que le di una patada con toda mi fuerza y la puerta cayó con estrépito. Los tres me miraron de inmediato, primero con expresión de terror, menos Eleazar.
  Me acerqué a ellos y me quité a capucha. Los dos suspiraron al mismo tiempo y la mirada de Dimitri se llenó de felicidad, jamás lo había visto así.
  Paseé la mirada curiosa de su rostro al de Drew, ¿qué hacia el allí? No se suponía que debía estar en casa con su hermana la traicionera y con mi hermano e idiota.
  Decidí no pensar mucho en eso y me acerqué corriendo a la reja detrás de la cual estaban los tres. No había nadie mas allí, ni un alma, y lo agradecí profundamente.
  —Oye—murmuró Drew mirando fijamente a Eleazar—Si tu también podías hacer eso, ¿por que no nos habías sacado de aquí?
  Mi padre lo miró con una sonrisa.
  —Por que hay algo que me retiene aquí—me miró por un momento mientras yo hacia trizas el candado medieval que los retenía allí—Aleth no me deja ir.
  — ¿Qué?—le pregunté mientras ellos salían de la celda.
  —Aleth cambia las decisiones de las personas, Moon—dijo mientras me daba un abrazo—Cuando pensé en escapar, ¿qué crees que hizo?
  Creí que el vampiro de sangre real era el único que podía...
  —El vampiro de sangre real tiene un don especial, Moon, absorbe los dones de los demás. Por eso es tan poderoso. Pero tiene una desventaja, no absorbe los dones espirituales, como el de Bastet. Lo de Aleth, yo lo llamaría un don terrenal o mental.
  —¿Bastet tiene un don?—pregunté tratando de imaginar cual seria y el por que, de entre todas las vampiresas del mundo, justo ella tenia que tener un don.
  —Ella atrae a los espíritus, y puede ser uno. Se supone que debería ayudarlos, pero lo usa para mal.
  —Oh—suspiré observando a Dimitri. Parecía impaciente, supe la respuesta de inmediato y le sonreí abiertamente—Hola—tomé su calida mano entre las mias—Te extrañe.
  Él me miró con expresión torturada mientras le daba un tierno apretón a mi mano.
  —Yo...—suspiró y miró al suelo—Lamento haberte dejado sola.
  —Yo lamento no haberte sacado de allí—le sonreí para darle confianza, aunque fue una sonrisa tan patética. Mi padre me miró de reojo y después miró a Dimitri—Pero, no voy a cometer el mismo error dos veces. Los sacare de aquí.
  —¿Cómo?—preguntó Drew.
  —De alguna manera—lo miré atentamente sin dejar de preguntarme que diablos hacia allí. Miré el cuello de Dimitri hasta distinguir aquella pequeña cruz en su cuello, supuse que era la marca del cazador de la que tanto había oído hablar, auque nadie me hubiese dicho que forma tenia. Después, miré el cuello de Drew, pero no había nada, ni siquiera un lunar—Saldremos por la primera ventana que veamos, me parece muy sencillo.
  —Exceptuando que...—Drew se detuvo junto a mi padre levantando su dedo como si se le estuviese ocurriendo una idea—Dimitri y yo somos humanos, nos convertiremos en la cena esta noche y Eleazar no sabe si puede escapar o no, debido al don de Aleth... Ah, sí, y ¡estamos en un maldito lugar repleto de sanguijuelas!
  —Todas las «sanguijuelas»—solté con un gruñido, ahora si me parecía ofencivo—deben estar descansando a esta hora. El sol esta cayendo a plomo sobre el castillo, y, no creo que nadie aquí sea lo suficientemente entupido como para salir en esas condiciones.
  Todos se voltearon a verme de una forma extraña. Mi plan era perfecto, ¿por qué tendría que mirarme así...? Y.... Oh... claro, yo había sido lo suficientemente entupida como para hacerlo.
  —Bien... pues.... no me paso nada—me defendí sacándoles la lengua a todos. Dimitri me sonrió de un modo tan dulce que no pude hacer mas que sonreír también.
  —Estaba preguntándome eso, pero...—comenzó mi padre con aire ceremonial—supongo que no es el momento para eso.
  —Tienes razon—señalé las escaleras con la cabeza y apreté más fuerte la mano de Dimitri antes de arrastrarlo para comenzar a subir.
  —Moon—me llamó Eleazar cuando ya había comenzado a ascender—Yo no soy hibrido. La luz del sol me haría polvo.
  —Cúbrete con tu capa. Así llegué yo aqui—le respondí halando a Dimitri de nuevo para subir.
  Sentí los pasos de Drew y Eleazar detrás de nosotros y subí un poco mas confiada. Aunque, no podía confiarme cuando tenia que subir las escaleras a paso humano.
  Podía escuchar el agitado corazón de Dimitri cuando aceleraba un poco el paso. Pero él debería entenderme, lo único que quería era salir de allí y ya había malgastado demasiado tiempo en las mazmorras.
  Divise la primera ventana al fondo de un largo pasillo y caminé vehementemente hacia ella, tratando de mantener el horrible paso humano. 
  Drew y Dimitri se plantaron uno junto al otro observando la ventana que había sido cubierta por gruesos tablones de madera. Solté la mano de Dimitri y le di un puñetazo a la ventana, la madera se rompió en pedazos y la luz del sol irrumpió en el pasillo cegándome. Me alejé de ella de un brinco, por fortuna no olía a quemado, aun.
  —Ustedes primero—les susurré y el par de humanos se voltearon a verme. Drew asintió y fue el primero en salir. Dimitri se limitó a mirarme, con aquella expresión que volvía añicos mi corazón. Esto no era justo, yo quería tenerlo conmigo, pero...—Ire por ti.
  —No lo haras—susurró él observando atentamente las sombras que me cubrían en ese momento—Lo sé. No vale la pena.
  —¿Qué?
  —Engañarnos, Moon. Es imposible que esto funcione. Sólo... mírate...—me señaló con ambas manos—y mírame a mi—señaló su cuerpo con desconsuelo, para, terminar señalando la diminuta marca en su cuello—Soy un idiota. Creo que... hubiese preferido no haberte dicho nada de... lo que siento. Las cosas serian mejores así, por lo menos, sabría que seria el único que sufriría con ello.
  —No digas tonterias—fruncí el ceño y me acerqué un paso a la luz—Ademas.... cuando encuentre los viales no va a importar mucho que seas un cazador, Dimitri. 
  —¿Viales?
  —Olvídalo. Sólo... ¡No vuelvas a decir esas cosas!
  —Es la verdad.
  —Dimitri—interrumpió mi padre antes de que me pusiera a decir una sarta de estupideces—La madre de Moon es una cazadora, lo sabes, y eso no fue problema en su tiempo.
  —Pero ahora no están juntos—repusó Dimitri.
  —Es lo que ella quiso después de esconderlos—dijo mi padre con voz tranquila. Lo miré con curiosidad—Ella se casó, lo sabes.
  —Mamá...—susurré sin podérmelo creer. ¿Ahora también tenia un padrastro?
  —Lo siento, Eleazar—Dimitri se acercó a las sombras—Lo sé perfectamente, y lo lamento. Lenneth es una buena "chica", no se merece estar al lado de ese maldito.
  —¿Quieren explicarme?—interrumpí de inmediato. ¿Por que él tenía que saber algo tan importante como que mamá estaba casada incluso antes que yo?
  —¿No lo sabe?—Dimitri enarcó una ceja mientras Eleazar negaba con la cabeza—Creo que es mejor que no lo sepas. Y... Moon, no quiero que sufras.
  —Entonces deja de decir tonterías y salta por esa maldita ventana de una vez por todas—me dedicó una bonita sonrisa torcida y miró hacia la ventana—Voy detrás de ti, Dimitri, sólo corre, sabes que te alcanzare.
  —Lo sé. Lo lamento—se acercó aun mas a las sombras, hasta quedar de pie frente a mi. Se inclinó un poco, podía sentir su delicioso aliento en mi rostro. Lo miré fijamente a los ojos, perdiéndome en aquel remolino verde de emociones. Se inclinó un poco mas, dejando nuestros labios a pocos centímetros.
  —Dimitri...—susurré con la respiración entrecortada, y eso que ni siquiera me había besado.
  Él sonrió y apretó sus labios contra los míos. Aquel cosquilleó recorrió mi cuerpo de inmediato. Necesitaba un poco más de él, y no era sangre, precisamente.
  Comencé a mover mis labios y él no dudo en corresponderme. Como si siempre hubiésemos sido uno, como si hubiésemos nacido el uno para el otro, como si.... Arg, vaya, que cursi.
  Dimitri me tomó por la cintura, acercándome un triz más a él. Apoyé mis manos en su pecho, algo desconfiada de su reacción, sabia que me amaba, pero... podía tener mis dudas.
  Eleazar se aclaró la garganta ruidosamente cuando, al fin, Dimitri se había decidido por comenzar con un beso enserio.
  —Supongo que es suficiente—dijo mi padre reteniendo aquel rugido.
  Dimitri se apartó de mí de inmediato y me miró a los ojos. 
  —Te amo—susurró tratando de acompasar su respiración. Pero, no podía ocultar los descontrolados latidos de su corazón.
  Suspiró y se acercó a la ventana casi corriendo. Me dedicó la última mirada y comenzó a salir.
  —Y yo a ti—dije antes de que terminara de salir.
  Eleazar se plantó a mi lado.
  —Moon—aparté a regañadientes la mirada de la ventana y miré a mi padre—¿Vamos?
  —Dales un momento para correr. Nosotros nos podemos defender, pero ellos...
  Eleazar suspiró y se plantó delante de mí. Lo miré fijamente, esperando una reprenda por el espectáculo del beso, pero no dijo nada, se limitó a acariciar mi cabello.
  —Hija...—susurró y se volvió para ver la luz del sol y la ventana. Suspiró y me miró de nuevo, dejando caer su mano—¿Cómo piensas sacarme de aquí? 
  Me acerqué a él y le puse la capucha de su raída capa. Me acerqué a la ventana mientras aquella sensación me asaltaba de nuevo. Eleazar me siguió temeroso, para después detenerse a un paso de la luz del sol.
  Podía argumentar que, me cegaba, mucho, pero, no era como para tener tanto miedo como él.
  —Papá—susurré, pero él no se acercaba—No me estoy quemando.
  —¿Tengo que recordarte que tu no eres igual a mi, Moon?—me miró a través de su capa y yo me acerqué.
  —Pero, somos bastante parecidos—lo tomé de la mano y traté de que se moviera, pero no lo hacia—Papá, soy casi una vampiresa completa, y yo puedo estar bajo el sol... con la protección correcta. Si yo puedo, tú puedes.
  Él me sonrió abiertamente.
  —¿Esa es la respuesta que das a una situación de vida o muerte?—preguntó divertido mirando la luz solar con desconfianza.
  —Lo sé, no le atino—pateé el suelo como una niñita y después me volví a ver la ventana.
  Un ruido muy parecido al que yo acababa de hacer con mi pie retumbó por el pasillo. Estaba segura de que no había sido Eleazar, él no se había movido ni un centímetro, y, los chicos... no podían ser ellos, ya no escuchaba los latidos de sus corazones ni sus pisadas.
  Eleazar denotaba la misma alarma que yo y ambos miramos el pasillo con desconfianza.
  El sonido se hizo más fuerte, y, pude identificarlo como unos pasos.
  Halé a mi padre para salir por la ventana, pero era demasiado tarde.
  Lo primero que ví fue aquella rubia cabellera como cascada de oro cayendo sobre su espalada, enmarcando su perfecto y pálido rostro. Sus curvas perfectas se movían con gracia mientras se acercaba a nosotros como si flotara. Su vestido de corpiño negro y falda carmesí resaltaban su alta y esbelta figura.
  Sonrió de forma desdeñosa, tal y como la recordaba.
  —¿Ibais a algún lugar, queridos?—preguntó con un tono extrañamente amedrentador.
  La miré fijamente, pensando si gruñirle o no. Miré la luz de nuevo, podíamos salir pitando de allí, y ella no podría hacer nada... no si no quería convertirse en cenizas.
  —¿No pensáis responderme?—se acercó un poco mas a nosotros—Yo podría ayudarlos... si tan sólo me dijeran a donde van.
  —Pudrete—le dije en medio de un rugido que no pude controlar.
  —Sólo voy a hacerte una pregunta, Moon—susurró avanzando otro paso—¿Dónde esta Raiquen?
  Debía suponerlo. Su prometido. Decidí darle un poco de celos, así que...
  —Esta conmigo—mascullé en tono macabro—No quiso venir, pero esta nuestra casa, nuestra nueva casa.
  Ella rugió y me enseñó los colmillos. Así no parecía tan hermosa.
  Eleazar rugió como respuesta y se plantó entre Aleth y yo en plan protector. No quería que él se enfrentara Aleth, no cuando era mi problema, no iba a dejar que mi padre solucionara mis problemas, y mucho menos, que pelearan mis batallas.
  Pasé a su lado y decidí continuar con el juego.
  —Deberias verlo... O, mejor aun, deberías oírlo, cuando estamos juntos y no para de decirme que me ama—Aleth soltó un rugido aun mas fuerte que el anterior, yo sonreí—Cuando dice que tomó la mejor decisión de su vida al venir conmigo. Cuando dice que no puede vivir sin mí. Cuando dice que soy la más hermosa. Cuando...
  No me dejó terminar. Aquella bestia se abalanzó sobre mí rugiendo y mostrando los colmillos. Caímos al suelo dando vueltas, demasiado cerca del sol, y no podía darme ese lujo cuando mi capucha se había resbalado. 
  Le di un empujón y me levanté de un salto. Me preparé para atacarla, pero algo me lo impido.
  —Para—susurró ella y algo extraño recorrió mi cuerpo. De pronto no pude moverme, me quedé de pie allí. Ella sonrió satisfecha—Asi me gusta, Moon, que hagas lo que digo.
  —Dejala en paz—rugió Eleazar y corrió hasta ella. 
  La tomó por el cuello mientras ella se debatía inútilmente entre su presa. Eleazar mostró sus colmillos y se acercó a su cuello, ella sonrió de nuevo.
  —No lo harás. Ahora sueltame—Eleazar la soltó de inmediato.
  Lo reconsideré por un momento. Ella cambiaba las decisiones, así que, debía actuar por impulso, sin pensarlo, sin tomar ninguna decisión.
  Sonreí ante la idea y desconecté mi cerebro, como lo hacia cuando estaba sedienta.
  Miré a Aleth directamente a los ojos y salté sobre ella. Sin pensarlo.
  Podría decir que dejé salir el animal salvaje que sabia llevaba por dentro. Sonreí ante la idea y estampé a Aleth contra el suelo una y otra vez.
  —Bájate de encima—ordenó, pero no sirvió de nada.
  Me dio un gran empujón y caí justo debajo de la luz solar. Grité de dolor cuando el sol me quemó el rostro, era horrible.
  Me levanté de un brinco y corrí hasta la sombra. No quise ni pensar en mi rostro desfigurado, no quería pensar en nada.
  Aleth arremetió en mi contra la tomé de los cabellos y la arrojé a la luz solar. Su gritó fue espeluznante, la cosa mas horrenda de todas.
  Disfruté de la idea de Aleth quemándose allí, sin poder hacer más que gritar de dolor.
  Me puse la capucha y salté por la ventana, de nuevo, sin pensarlo.
  Escuché los pasos apresurados de mi padre detrás de mí.
  —¡No escapes!—gritó Aleth entre sus gemidos de dolor—¡Ayudame!
  Miré hacia atrás y ví a mi padre, sin opción, tomando a Aleth de los brazos y arrastrándola a las sombras del pasillo.
  No sabia que hacer. Debía volver por él, no podía dejarlo allí, no de nuevo.
  Me acerqué a la ventana, desde donde podía ver a Aleth de pie junto a Eleazar. 
  —Vete—susurró mi padre, a lo que respondí con una negación con la cabeza.
  La desfigurada Aleth soltó una carcajada.
  Era una imagen repugnante. Su rostro estaba lleno de supuraciones rojas y asquerosas, sus labios se habían curvado de una extraña manera y sus ojos habían sido reemplazados por dos bolas de repugnante sangre negra.
  —No podría matarte, Moon—dijo Aleth con aquel tono sarcastico—No cuando Bastet se ha reservado ese precioso derecho, pero créeme, me sobran razones para hacerlo.
  —No puedo hacerlo, Moon, ¡vete!—gritó mi padre exasperado. 
  Hubo un sonido en el bosque que llamó mi atención, pero no me volví para ver. Los pasos eran suaves y acompasados, pero temerosos. Reconocí aquel delicioso efluvio de inmediato. Raiquen.
  Tal vez podría hacer un intercambio, Raiquen a cambio de mi padre. Tal vez Aleth aceptaría eso.
  Me permití mirar hacia el bosque por un segundo. Raiquen estaba cubierto por tantas ropas que era difícil decir cuantas, pero ninguna parte de su cuerpo era visible. Se acercó a mí en un santiamén.
  —¡Bastet!—gritó Aleth. Dude de que pudiese escucharla, pero, ¡¿que sabia yo?!
  —Vete—susurró mi padre con desesperación. Me dolió profundamente verlo así.
  Raiquen me agarró fuertemente del brazo y me alejó de la ventana. Comenzó a correr rápidamente, arrastrándome con él.
  Quería volver, de verdad quería hacerlo, quería sacar a mi padre de allí, pero algo me lo impedía, de nuevo, no me sentía dueña de mi cuerpo.
  Tardé un momento el comprender el por que. Fathon podía controlar a las personas, y Raiquen tenia un leve atisbo de sus dones. 
  Estar en el bosque fue un poco más reconfortante, aunque no podía dejar de sentirme culpable por dejar a mi padre allí, por no haber cumplido mi misión.
  Llegamos pronto al pueblo. Raiquen me empujó por la puerta de la casa que había robado. Parecía enojado, aunque no podía verle bien el rostro por las ropas que lo cubrían.
  —¡¿Que diablos tratabas de hacer?!—gritó exasperado mientras se deshacía de lo que traía puesto.
  —¿Cómo supiste que yo...?
  —¡¿Crees que soy idiota?!—tiró la ultima ropa de este siglo que el quedaba, hasta quedar con sus ropas de epoca—Me desperté extrañado por no ver tus sueños en mi mente y tu... ¡no estabas! Sabia que eres entupida, Moon, pero no pensé que pudieras llegar a semejantes extremos—le fruncí el ceño, pero no respondí, sabia que tenia razon—¿Y que se supone que debería pensar? ¿La pequeña debe haber ido al mercado a comprar algo de comer? ¡Era obvio que habías vuelto al castillo, Moon! ¡demasiado obvio! Busqué mi capa y al no encontrarla supe en que consistía tu plan, y decidí salir a buscarte.
  —¿Por que?—lo miré a la cara con la ira escrita en el rostro—¡Si estabas tan enfadado conmigo hubiese sido mejor que me dejaras sola! 
  —¡Diablos, no! ¡No iba a dejarte morir de una forma tan estupida!
  —¡Yo puedo morir como se me de la gana! ¡Tu no tenias por que entrometerte en esto! ¡Es mi problema!
  —¡No es sólo tu problema! ¡También es mi problema!
  —¡¿Ah, sí?! ¡¿Y desde cuando mis problemas son tuyos?! Es mas, ¡¿desde cuando tienes derecho a entrometerte en mis asuntos?!
  Él bajó la mirada avergonzado. Vaya, era la segunda vez que tenia razón, ¡genial! Estaba  haciendo progresos últimamente.
  —Entonces, ¿desde cuando tienes derecho a meterte en mis asuntos?—pregunté haciéndome la inocente. Él levantó la mirada.
  Se veía diferente, diferente a como lo había visto siempre. Él se acercó un paso más a mí. No entendía lo que me decían sus ojos, era una mezcla de algo que jamás había visto.
  Posó su mano en mi hombro y me miró de una forma intensa.
  —¿Quieres saberlo?—estaba segura de algo, si mi corazón hubiese podido latir en ese momento, estaría desenfrenado.
  Se inclinó unos centímetros, podía sentir su aliento abrazador golpeándome en el rostro. No sabia que hacer, si apartarme o dar un paso más cerca.
  Lo miré a los ojos de nuevo mientras él se inclinaba unos centímetros más.